domingo, 6 de noviembre de 2011

Bullying Escolar

El acoso escolar se ha vuelto de lo más común. Algunos niños están en más alto riesgo que otros y las consecuencias son serias. Emprenda algunas acciones para proteger a su hijo/a de la intimidación y el abuso. La intimidación en la escuela fue alguna vez considerada como un “rito” por el que teníamos que pasar en la infancia. Los padres nos animaban a pelear y defendernos de quien nos molestaba. En estos días, sin embargo, la “intimidación” o abuso se reconoce como un problema serio en todo el mundo. La intimidación en la escuela es ahora más común y más severa. Según cifras de investigaciones realizadas en Estados Unidos y Europa, al menos uno de cada cuatro niños en la escuela ha sufrido algún tipo de acoso.

Actualmente, existen nuevas formas de intimidación debido al desarrollo de la Tecnología: ahora nuestros hijo/as se enfrentan también a la intimidación cibernética (a través de sitios web personales, chat o correo electrónico) y otras formas de violencia y hostigamiento que pueden ser más difíciles de detectar y parar. Los investigadores han estudiado más acerca de la profundidad y efectos a largo plazo que pueden causar en la mente de un niño/a, si son víctimas de la intimidación a edades tempranas. Desafortunadamente, muchos padres y maestros no se dan cuenta o no pueden reconocer los síntomas del acoso escolar. Generalmente los niños/as no les cuentan a sus padres y maestros que son víctimas porque tienen miedo o les da vergüenza. No quieren ser etiquetados como “chivatos”, y su miedo es alimentado por el abusador.

Para ayudar a nuestros hijos/as a manejar el acoso, los padres debemos reconocer y aprender qué hacer si nuestros hijos/as son víctimas.

Los síntomas del acoso escolar

Se entiende por acoso la intimidación reiterada por parte de uno o varios sujetos sobre una o varias víctimas. Las escuelas han sido tradicionalmente lugares propicios para este tipo de conductas, aunque la sensibilización social hacia este fenómeno ha crecido durante los últimos años, debido, sobre todo, a la difusión en los medios de comunicación de algunos sucesos y a la alarma social creada por la extremada violencia de algunos actos. Basta una mirada para que el acosador intimide al acosado, que con el paso del tiempo ve anulada su personalidad y suele tener poca o nula capacidad de reacción ante las vejaciones que sufre

sábado, 5 de noviembre de 2011

Cómo ayudar a sus hijos a enfrentar a los abusadores

Cada día, en cada escuela, hay niños que son abusados por otros niños. Los pantalones de un de ellos se baja en el vestuario de deportes. Una niña que acaba de ayudar a una compañera de equipo para que meta un gol es evitada horas más tardes por la misma compañera de equipo. Esto no es el “los niños son niños” con que habitualmente se justifica la situación. Hoy en día, los niños son asaltados físicamente y emocionalmente en forma corriente.

Pregúnteles. Ellos le dirán acerca de las “pandillas”. Los llevarán hasta los cabecillas. Imagínese cuando entran a la escuela. Empiezan los juegos – cuerpos encerrados dentro de los lockers, papeles arrojados, y niñas empujándose unas a otras, porno hablar de agresiones físicas filmadas por un sinfín de celulares que se pelean por ser el primero en subir a Internet la prueba del vejamen.

Claro, usted estará pensando ¿no están exagerando? ¿tan malo es?
No, no es tan malo. Es peor. Y si piensa que no estamos hablando de su hijo, una es muy ingenuo. Si nuestros hijos nunca nos confesó que fue una víctima, eso no significa que no lo fuera. Solo significa que el no comparte su dolorosa historia con nosotros. Y mucho menos nos contará si fue él el victimario, en lugar de la víctima.

Ante esta situación, el objetivo de esto es brindarles a sus niños las armas necesarias para combatir y hacer frente al abuso cotidiano en las escuelas.

Cómo ayudar a que nuestros hijos cuenten lo que está pasando fuera del alcance de la mirada o el oído de los adultos. Será guiado en qué decir y qué hacer para cambiar las experiencias de sus hijos y sus propias imágenes y descubrir cómo transformar el mundo de sus hijos para bien

Empecemos un diálogo con nuestros hijos sobre las reglas que gobiernan sus vidas en la escuela (y fuera de ella) – donde sentarse en la cafetería, a quién ayudar en la clase de gimnasia, a qué niños puede sonreírle, con qué chicas puede charlar. ¿Quién impone estas reglas? No somos nosotros los padres. No son los maestros. Las reglas las hacen los “líderes” del grupo. Unos pocos consiguen compañeros de clase dispuestos y a jugar ciertos roles y el resto conspira en el cuadro resultante. Pero nuestros niños pueden romperlas.

La aceptación social

Hay una diferencia entre la aceptación social y la personal. Encontrar la identidad personal de uno es diferente que vivir con la identidad social de uno.

La pregunta “¿Quién soy?” es una tarea personal. Lo que el grupo decrete no es el veredicto final. “¿Quién eres?” implica un proceso de descubrimiento que ocurre dentro de las paredes del cuarto de los niños. Las respuestas que escuchan en los pasillos no son las opiniones que finalmente importan.

Pero es una realidad que durante la primera adolescencia nos corresponde a nosotros como padres guiarlos. Hablen sobre logros individuales. Inspírenlos para el autodescubrimiento. Ayúdenlos a definir a la integridad como un valor personal y que vivan acordes a un código de valores. La integridad y la dignidad personal es algo que no se le puede quitar nadie, incluso al más popular o poderoso de sus compañeros.

Pero la aceptación social es otro punto, y uno muy importante para nuestros jóvenes adolescentes. Observen a su hijo: ¿Está perdiendo una hora de sueño por mirarse al espejo? ¿Se está clonando a sí misma? ¿Se está mordiendo la lengua? ¿Se está sofocando su consciencia? La búsqueda de aceptación se manifiesta –cuando es problemática- de dos maneras diferentes: la soledad y la copia.

Las “pandillas” manejan poder, pero no todo el poder. Es el poder personal (es decir, las actitudes) de los niños lo que garantiza el poder de las “pandillas”. Cada acto de acompañarlos, estar de acuerdo, no estar en desacuerdo, es una decisión personal que puede bien consolidar o bien cambiar a las “pandillas”. Para tu hijo adolescente, los pares son el jurado. Es inevitable que tu hijo desee pertenecer y luche que por equilibrar su personalidad y su necesidad de aceptación social, y es allí que los padres deben participar para proveer un marco de contención.
Su familia, su vida de hogar, su cuarto, son todos aspectos que contribuyen positivamente con ese sentimiento de pertenencia que su hijo anhela.

Cosas que debe hacer:

• Valide la necesidad de su hijo de pertenecer
• Ayude a su hijo a tener una visión objetiva de las “pandillas”
• Dele a su hijo estándares que pueda usar para juzgarse a si mismo y a los demás.
• Sugiera a su hijo formas de construir su autoestima conectándose con los demás.


Cosas que no debe hacer:

• Darle a su hijo ese sentimiento de pertenencia en el grupo de pares

• Determinar el lugar de su hijo en la escala social
• Impedir que los otros juzguen a su hijo
• Mejorar su autoestima por él. ¡Sólo él puede hacerlo!

Mobbing Laboral

El acoso laboral o acoso moral en el lugar del trabajo, conocido frecuentemente a través del término ingles mobbing ("asediar, acosar, acorralar en grupo"1 ), es tanto la acción de un hostigador u hostigadores conducente a producir miedo, terror, desprecio o desánimo en el trabajador afectado hacia su lugar de trabajo, como el efecto o la enfermedad que produce en el trabajador. Esta persona o grupo de personas reciben una violencia psicológica injustificada a través de actos negativos y hostiles en el trabajo por parte de sus compañeros (entre iguales), de sus subalternos (en sentido vertical ascendente) o de sus superiores (en sentido vertical descendente, también llamado bossing, del inglés boss, jefe). Dicha violencia psicológica se produce de forma sistemática y recurrente durante un tiempo prolongado, a lo largo de semanas, meses e incluso años, y a la misma en ocasiones se añaden "accidentes fortuitos" y hasta agresiones físicas, en los casos más graves.